• info@campingsnavarra.com


La Oliva, importante muestra de la aquitectura cisterciense, es un conjunto monumental fundado en el siglo XII.
 
Obtuvo el favor y apoyo del Papado, la nobleza y monarquía navarra y logró, a mitad del siglo XII, ser uno de los monasterios más poderosos de Navarra gracias a sus tierras y extensa biblioteca. Más adelante, llegaron los problemas políticos y la desamortización de 1835 sumió al monasterio en la ruina y el abandono. Tenemos que esperar hasta 1927 para verlo habitado de nuevo por monjes que comenzaron la reconstrucción.
 
La majestuosa fachada principal nos abre las puertas a un lugar mágico. La iglesia de Santa María, con una parte románica y otra gótica, fue sufragada por Sancho VI el Sabio y su hijo Sancho VII el Fuerte. Fue construída en piedra sillar entre los siglos XII y XIII. Consta de tres naves. La austeridad cisterciense se aprecia en la sencilla decoración del templo, que apenas se ciñe a motivos vegetales, animales y fantásticos y algunas claves en las bóvedas. Cuenta con una sala capitular que integraba el primitivo claustro del siglo XII y que es una bonita expresión de obra protogótica.
 
Desde la iglesia, podemos acceder a un hermoso claustro gótico del siglo XIV donde uno no siente pasar el tiempo. Sus galerías están cubiertas por bóvedas de crucería, con nervios curvos unidos por claves decoradas. Adosado también a la iglesia, se encuentra el palacio abacial, edificado en el XVI y reformado en el XVIII.
 
Frente al ábside de la iglesia y en un lugar hoy utilizado como huerta del monasterio, hallamos la capilla de San Jesucristo, la parte más antigua de todo el monasterio.
 
Debemos probar los productos artesanales del monasterio (hortalizas exquisitas, vinos tintos, blancos y rosados y un suave queso de vaca) y, si tenemos ocasión, alojarnos en la hospedería para compartir, al menos unos días, el estilo de vida de los monjes.
 
Un día excelente para acudir a la Oliva, es cuando termina la Semana Santa y se celebra el Triduo Pascual. Se une la solemne ceremonia con el sentimiento del canto gregoriano.